sábado, 20 de junio de 2009

CARONTE, EL BARQUERO INFERNAL





Según la mitología griega Caronte es el barquero encargado de transportar las almas de los muertos a través de la laguna Estigia (algunos dicen que del río Aqueronte) hasta el reino del inframundo gobernado por Hades.


Entra dentro de sus atribuciones rechazar a aquellos difuntos que no puedan pagar el pasaje al no haber sido enterrados con una moneda en la boca (el famoso óbolo). En las obras clásicas se le describe como un anciano alto, delgado, de barba y pelo canos, y con llamas en los ojos. Viste unas pieles y empuña una larga vara con la que golpea a los espíritus de los muertos cuando no reman con la suficiente rapidez, o cuando protestan demasiado. Todos los autores coinciden en señalar su carácter taciturno y malhumorado.


La figura de Caronte se menciona por primera vez en la Grecia antigua hacia el 500 a.C. en la Miníada, poema épico de Pausanias. Su aparición tardía se puede explicar desde un punto de vista sociológico: si la aristocracia tenía sus propios guías al otro mundo, como eran Hypnos y Thanatos, Caronte lo era de los grupos populares, y al ganar estos importancia con la consolidación de la democracia, su psicopompo comienza a aparecer en las representaciones iconográficas y literarias.


Pese a resultar un personaje carismático, Caronte no tiene demasiada historia más allá de su monótona función. Algunos autores lo creen hijo de Érebo y Nix, y por tanto casi un dios, pero no aclaran, por ejemplo, si el propio Caronte tuvo alguna vez hijos, o por qué realiza su labor; nadie sabe si está castigado a viajar eternamente de una ribera a otra de la Estigia o si lo escogió por voluntad propia.


En cuanto a la Literatura Clásica, Caronte es apenas un extra en las historias de algunos héroes necesitados de un poco de atrezzo infernal para sus aventuras en el inframundo. Constituía un interesante obstáculo a salvar, ya que en teoría ningún humano vivo tenía permitido subir a su barca. Pero así a todo Hércules lo logra por fuerza bruta, Orfeo gracias al hechizo de su canto, y Eneas mostrando una rama de oro, salvoconducto divino proporcionado por la sibila de Cumas.


Dante recuperó al personaje para el principio de la Divina comedia, cambiando su destino habitual, el Hades, por el infierno cristiano. Caronte ha sobrevivido en el imaginario colectivo hasta llegar nuestros días, aunque ahora lo imaginemos como una figura hierática vestida con una túnica oscura cuya capucha le tapa la cabeza y que conduce su barca sin dirigir palabra a los pasajeros.


miércoles, 10 de junio de 2009

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE






Heisenberg había presentado su propio modelo de átomo renunciando a todo intento de describir el átomo como un compuesto de partículas y ondas. Pensó que estaba condenado al fracaso cualquier intento de establecer analogías entre la estructura atómica y la estructura del mundo. Prefirió describir los niveles de energía u órbitas de electrones en términos numéricos puros, sin la menor traza de esquemas. Como quiera que usó un artificio matemático denominado “matriz” para manipular sus números, el sistema se denominó “mecánica de matriz”.


Heisenberg recibió el premio Nobel de Física en 1932 por sus aportaciones a la mecánica ondulatoria de Schrödinger, pues esta última pareció tan útil como las abstracciones de Heisenberg, y siempre es difícil, incluso para un físico, desistir de representar gráficamente las propias ideas.


Una vez presentada la mecánica matriz (para dar otro salto atrás en el tiempo) Heisenberg pasó a considerar un segundo problema: cómo describir la posición de la partícula. ¿Cuál es el procedimiento indicado para determinar dónde está una partícula? La respuesta obvia es ésta: observarla. Pues bien, imaginemos un microscopio que pueda hacer visible un electrón. Si lo queremos ver debemos proyectar una luz o alguna especie de radiación apropiada sobre él. Pero un electrón es tan pequeño, que bastaría un solo fotón de luz para hacerle cambiar de posición apenas lo tocara. Y en el preciso instante de medir su posición, alteraríamos ésta.


Aquí nuestro artificio medidor es por lo menos tan grande como el objeto que medimos; y no existe ningún agente medidor más pequeño que el electrón. En consecuencia, nuestra medición debe surtir, sin duda, un efecto nada desdeñable, un efecto más bien decisivo en el objeto medido. Podríamos detener el electrón y determinar así su posición en un momento dado. Pero si lo hiciéramos, no sabríamos cuál es su movimiento ni su velocidad.


Por otra parte, podríamos gobernar su velocidad, pero entonces no podríamos fijar su posición en un momento dado.


Heisenberg demostró que no nos será posible idear un método para localizar la posición de la partícula subatómica mientras no estemos dispuestos a aceptar la incertidumbre absoluta respecto a su posición exacta. Es un imposible calcular ambos datos con exactitud al mismo tiempo.


Siendo así, no podrá haber una ausencia completa de energía ni en el cero absoluto siquiera. Si la energía alcanzara el punto cero y las partículas quedaran totalmente inmóviles, sólo sería necesario determinar su posición, puesto que la velocidad equivaldría a cero. Por tanto, sería de esperar que subsistiera alguna “energía residual del punto cero”, incluso en el cero absoluto, para mantener las partículas en movimiento y también, por así decirlo, nuestra incertidumbre. Esa energía “punto cero” es lo que no se puede eliminar, lo que basta para mantener liquido el helio incluso en el cero absoluto.


En 1930, Einstein demostró que el principio de incertidumbre (donde se afirma la imposibilidad de reducir el error en la posición sin incrementar el error en el momento) implicaba también la imposibilidad de reducir el error en la medición de energía sin acrecentar la incertidumbre del tiempo durante el cual se toma la medida. Él creyó poder utilizar esta tesis como trampolín para refutar el principio de incertidumbre, pero Bohr procedió a demostrar que la refutación tentativa de Einstein era errónea.


A decir verdad, la versión de la incertidumbre, según Einstein, resultó ser muy útil, pues significó que en un proceso subatómico se podía violar durante breves lapsos la ley sobre conservación de energía siempre y cuando se hiciese volver todo al estado de conservación cuando concluyesen esos períodos: cuanto mayor sea la desviación de la conservación, tanto más breves serán los intervalos de tiempo tolerables. Yukawa aprovechó esta noción para elaborar su teoría de los piones.


Incluso posibilitó la elucidación de ciertos fenómenos subatómicos presuponiendo que las partículas nacían de la nada como un reto a la energía de conservación, pero se extinguían antes del tiempo asignado a su detección, por lo cual eran sólo “partículas virtuales”.


Hacia fines de la década 1940-1950, tres hombres elaboraron la teoría sobre esas partículas virtuales: fueron los físicos norteamericanos Julian Schwinger y Richard Phillips Feynman y el físico japonés Sin-itiro Tomonaga. Para recompensar ese trabajo, se les concedió a los tres el premio Nobel de Física en 1965.


A partir de 1976 se han producido especulaciones acerca de que el Universo comenzó con una pequeña pero muy masiva partícula virtual que se expandió con extrema rapidez y que aún sigue existiendo. Según este punto de vista, el Universo se formó de la Nada y podemos preguntarnos acerca de la posibilidad de que haya un número infinito de Universos que se formen (y llegado el momento acaben) en un volumen infinito de Nada.


El “principio de incertidumbre” afectó profundamente al pensamiento de los físicos y los filósofos. Ejerció una influencia directa sobre la cuestión filosófica de “casualidad” (es decir, la relación de causa y efecto). Pero sus implicaciones para la ciencia no son las que se suponen por lo común. Se lee a menudo que el principio de incertidumbre anula toda certeza acerca de la naturaleza y muestra que, al fin y al cabo, la ciencia no sabe ni sabrá nunca hacia dónde se dirige, que el conocimiento científico está a merced de los caprichos imprevisibles de un Universo donde el efecto no sigue necesariamente a la causa.


Tanto si esta interpretación es válida desde el ángulo visual filosófico como si no, el principio de incertidumbre no ha conmovido la actitud del científico ante la investigación.


Si, por ejemplo, no se puede predecir con certeza el comportamiento de las moléculas individuales en un gas, también es cierto que las moléculas suelen acatar ciertas leyes, y su conducta es previsible sobre una base estadística, tal como las compañías aseguradoras calculan con índices de mortalidad fiables, aunque sea imposible predecir cuándo morirá un individuo determinado.


Ciertamente, en muchas observaciones científicas, la incertidumbre es tan insignificante comparada con la escala correspondiente de medidas, que se la puede descartar para todos los propósitos prácticos. Uno puede determinar simultáneamente la posición y el movimiento de una estrella, o un planeta, o una bola de billar, e incluso un grano de arena con exactitud absolutamente satisfactoria.


Respecto a la incertidumbre entre las propias partículas subatómicas, cabe decir que no representa un obstáculo, sino una verdadera ayuda para los físicos. Se la ha empleado para esclarecer hechos sobre la radiactividad, sobre la absorción de partículas subatómicas por los núcleos, así como otros muchos acontecimientos subatómicos, con mucha más racionabilidad de lo que hubiera sido posible sin el principio de incertidumbre.


El principio de incertidumbre significa que el Universo es más complejo de lo que se suponía, pero no irracional.


lunes, 20 de abril de 2009

MANCHAS LYMAN - ALFA



El objeto más grande del universo







Se trata de una súper estructura de 200 millones de años luz de ancho en forma de ameba creada por galaxias y nubes de gas. Podría ser el orígen del cosmos. "Algo tan largo y denso como esto podría haber sido raro en el universo primigenio”, comentaron los científicos que la descubrieron.


Según los científicos se trata del objeto más grande del Universo jamás conocido y es un conjunto de manchas "Lyman Alfa" formada 2 mil años después de la explosión que teóricamente dio origen al cosmos el denominado Big Bang.


Es una súper estructura en forma de ameba formada por galaxias y nubes de gas que tiene 200 millones de años luz de ancho. El descubrimiento fue realizado por científicos japoneses.


"Algo tan largo y denso como esto podría haber sido raro en el universo primigenio”, comentó Ryosuke Yamauchi de la Universidad de Tokio, uno de los miembros del equipo que realizó el estudio.

“La estructura que hemos descubierto, y otras similares, son probablemente los precursores de las enormes estructuras que vemos hoy en día y que contienen múltiples grupos de galaxias”, comentó Yamauchi.


Algunas de las burbujas de gas tienen el doble de ancho de nuestra galaxia vecina, Andrómeda, es decir, 400.000 años luz.


Todos estos elementos están alineados a lo largo de tres filamentos curvos, y también han sido observados desde la Tierra por los telescopios Subaru y Keck, en Mauna Kea, Hawai.


Según estiman los científicos el origen del objeto más grande del universo señalaría que las burbujas son capullos gigantes de gas de los que un día nacerán nuevas galaxias.


martes, 14 de abril de 2009

JESUCRISTO NUNCA EXISTIÓ



UN MITO DEFORMADO A LO LARGO DEL TIEMPO

GOBIERNA A LA VOLUNTAD HUMANA




En los cinco libros titulados "Jesucristo nunca ha existido" (De Emilio Bossi, Publicaciones Acratas: El Sembrador) se puede leer, y se debe, que en realidad Jesucristo no existió, no fue un personaje histórico. Los griegos y los romanos no oyeron hablar de él, su nombre no aparece en obras profanas hasta un siglo después y aún así indirectamente, a propósito de movimientos y de las persecuciones de la secta cristiana. En el mismo judaísmo no dejó una impresión muy duradera.


Filón, muerto hacia el año 50 nada sabe de el. Josefo nacido en el año 37 y que escribió hasta finales de siglo sienta su condena en algunas líneas como un suceso vulgar y al enumerar las sectas omite a los cristianos.


Un escritor hebreo, Justo de Tiberiades compuso una historia hebrea desde Moisés hasta finales del año 50 y no cita siquiera el nombre de Jesucristo.


Plutarco nacido 50 años después de Jesucristo, historiador eminente y concienzudo no pudo haber ignorado, de conocerla, la existencia de Cristo y sus 'proezas'. Séneca no dice una palabra de Cristo aunque hablando de los cristianos no los distingue de los hebreos.


El mismo silencio hacia Jesús se produce hacía los apóstoles acerca de los cuales no existen más documentos que los eclesiásticos.


Los únicos autores profanos que han hablado de Cristo fueron el historiador hebreo Josefo, Tácito, Suetonio y Plinio. Se demuestra que Suetonio y PLinio entran en contradicciones y se excluyen uno a otro y las pocas líneas de Josefo y Tácito han sido falsificadas. Por si fuera poco, ninguno de los que debieron tener tratos con Jesús, como Pilatos, Hanan, Caifás, etc., dejó rastro en su historia de estas relaciones.


Los únicos testimonios que hablan de la vida y obra de Jesucristo son los evangelios y datan de los siglos III y IV y no son prueba de la existencia de tal personaje.


La vida, el pensamiento, la acción, la palabra, la doctrina de Cristo no existen en los evangelios, como no sea en cuanto son predichos por los profetas o previstos por el antiguo testamento.


Si nace en Betlem, van a Egipto, si Herodes ordena la matanza de los inocentes, si vuelve a Galilea y vive en Nazaret (para poder llamarse nazareno), si encuentra a Juan Bautista, va a Canarfaun, sana endemoniados, cura muchedumbres y les prohíbe que lo divulguen, habla en parábolas para no ser comprendido, Judas le traiciona, en la cruz pide de beber, etc..., es para cumplir las escrituras y las profecías. Cristo ni dijo ni fué el mismo, mas que lo que la Escritura había ordenado que hiciera o fuera.


En otro lugar de esta obra se pregunta el autor que si Jesucristo nunca existió, cómo y por qué fue inventado, para pasar a demostrar que otros personajes análogos e idénticos le precedieron en la historia de los mitos.


En la antigua India hubo más de un Dios redentor, Vischnu se encarnó nueve veces, tomando forma humana para redimir a la humanidad. En la octava se encarna en Krishna y en la novena en Buda.


Krishna nace de una virgen y está vaticinado en los libros sagrados indios. Su venida le es revelada a la madre de la virgen para dar el nombre de la misma y que se sepa el destino del que ha de venir. Hay un tirano que al enterarse en sueños de tal nacimiento y que le destronará ordena una matanza de los niños nacidos esa noche, el dia del nacimiento (en un redil) es adorado por pastores. En fín, que resucita muertos, cura leprosos, devuelve vistas y oidos. Un dia que se enfadó con sus seguidores se les aparece con el rostro rodeado de tanta luz que estos no pueden resistirlo.


A raiz de tal hecho le llamaron Jezcus Krishna (nacido de la pura esencia divina). Todo eso ocurria 3.500 años antes de nuestra era.


La novena encarnación es como Buda. Fue revelado en sueños a su madre la grandeza del hijo y el carisma que este tendría entre sus semejantes. Escoje para nacer una casta principesca. La madre de Buda se llamada Maya o Maïa y le concibió fuera de toda relación sexual. Dotado de gran inteligencia maravilló los doctores con su sabiduria, abandonó el lecho materno para cumplir su misión.


Fué tentado varias veces por el demonio pero salió victorioso de ellas. El más célebre de sus discursos fué "El sermón de la montaña" (como el de Jesús), tuvo su discípulo traidor y sus dos discípulos diametralmente opuestos, lo mismo que Pedro y Juan. Después de su muerte se aparece a sus discípulos en forma luminosa con la cabeza rodeada de una aureola. En el budismo se encuentran todas las prácticas religiosas del cristianismo y cuando los misioneros católicos se encontraron por primera vez con los monjes budistas, creyeron en un engaño del diablo.



En Egipto también tenían su dios redentor el Oro (Osirapis o Serapis). Nacido de una virgen en el solsticio de invierno, muerto en el equinocio de primavera y también resucitado. Tuvo su huida llevando por la virgen Isis en un asno.

También Baco nacía en el solsticio de invierno, después de muerto bajaba a los infiernos y resucitaba.


La mitología del antiguo testamento se basa en estos conceptos fundamentales: Dios, la creación, la caída de los ángeles, el Edén, la serpiente y el pecado original, el diluvio, la torre de Babel, los ángeles y los demonios, el paraíso y el infierno, los patriarcas, un legislador inspirado y los profetas. Pero esta mitología no es original, pues la tuvieron otros pueblos antes que el hebreo.


Un dios nacido de una virgen, en el solsticio de primavera y resucitado en pascua, después de haber descendido a los infiernos; un dios que llevas tras de si un cortejo de doce apóstoles correspondientes a las doce constelaciones y que hace pasar a la humanidad bajo el imperio de la luz, no puede ser mas que un dios solar, copiado de tantos mitos heliosísticos que abundan en oriente.





MITRA


UNA HISTORIA SOSPECHOSAMENTE PARECIDA A LA DE JESÚS




Representación romana de Mitra



Mitra es el dios redentor de Persia. Llamado también seños, "nace" en la gruta de una virgen, el mismo día que andando el tiempo "nacerá" Cristo, el 25 de diciembre, o sea el solsticio de invierno. La madre, como no podía ser menos, permanece virgen después del parto. Se anuncia astrológicamente por una estrella que aparece en el Oriente y unos magos le llevan perfumes, oro y mirra. Muere como Cristo en el equinoccio de primavera y sus penas redimieron a la humanidad.


Mitra era el dios indo-iraní de la justicia y el mitraísmo fue una de las religiones más populares del antiguo Imperio Romano, sobre todo entre los soldados. La historia de Jesús tiene tantas cosas en común con la de Mitra, que se llegó a sospechar que el cristianismo era un derivado de la fe persa.


Mitra nació el 25 de diciembre, en una cueva oscura y los pastores fueron los primeros que le encontraron y le adoraron.


Le trajeron regalos, oro y esencias.


Su madre era una virgen, llamada Madre de Dios.


Mitra era un lazo de unión entre Dios y la gente. Era un representante de Ahura Mazda en la Tierra.


Después de enseñar en la Tierra, Mitra ascendió a los cielos.


Fue enviado por el Padre para que se cumplieran sus deseos en la Tierra, y su sacrificio tiene como finalidad la redención del género humano.


El transitus (viaje de Mitra con el toro sobre los hombros) recuerda al Vía Crucis del Evangelio.


Los mitraístas creían en la resurrección, en la comunión con pan y vino, en el cielo y en el infierno.


Mitra recibía apelativos de La Luz, el Buen Pastor, La Verdad.


El día sagrado del mitraísmo era el domingo.


El mitraísmo se representa con una cruz en un círculo, que simboliza el sol. Las cuatro esquinas de la cruz representan el año solar. En el Cristianismo, la cruz representa el sufrimiento.


A finales del siglo III, se fundió la religión mitraica con el culto al sol y cristalizaron en la nueva religión del
Sol Invictus. El emperador Aureliano la hizo oficial en el año 274, y cada 25 de diciembre se celebraba el festival del Natalis Solis Invicti (el nacimiento del sol invencible).

Mitra, cuyos orígenes son muy anteriores al cristianismo, nació en la noche más larga del año. Simbolizaba el nacimiento de la luz y la esperanza y la renovación de la naturaleza. El nacimiento de Cristo se situó en la misma fecha del calendario solar.

A finales del siglo III, comenzó a decaer el mitraísmo. La fuerte competencia del cristianismo, apoyado por
Constantino I El Grande, le robó adeptos. Además, el mitraísmo excluía a las mujeres que sí tenían derecho a participar en el cristianismo.

El cristianismo desplazó al mitraísmo en el siglo IV, hasta convertirse en la única religión oficial del imperio con
Teodosio (379-394). El mitraísmo se prohibió oficialmente en el año 391, aunque se mantuvo su práctica clandestina durante algún tiempo.

Los mítreos, una especie de cuevas donde cabían unas 30 o 40 personas acabaron siendo las criptas de muchas iglesias cristianas.